viernes, 9 de febrero de 2018

El Concepto de Tiempo (Tratado de 1924) de Martin Heidegger.

El Concepto de Tiempo 1924-Heidegger by Mario Jiménez on Scribd

6 comentarios:

  1. Este texto sobre el tiempo constituye una visión muy interesante, toda vez que de manera inherente al hablar de tiempo se incluyen los conceptos de movimiento y cambio, ya que el individuo está sujeto al devenir histórico en ese sentido.

    Considerar el tiempo es una forma de regir la vida cotidiana ya que según este parámetro se rige lo que se debe o no se debe hacer, cuando y a qué hora. Sin embargo, el sentido del tiempo es diferente para cada sociedad porque marca el ritmo de vida en el desarrollo del trabajo. Por ello, en las sociedades urbanas se vive aceleradamente, contando los minutos y escatimando los instantes y todo en su conjunto es determinado por esta forma de medir la vida con un incansable reloj, lo que, paradójicamente nos lleva de alguna manera a perder la noción del tiempo, volviendo días a las noches, pues el trabajo continua ya que el uso de la luz eléctrica permite seguir desarrollando actividades productivas.
    Mientras que en las sociedades rurales, cesan las actividades productivas al caer la noche y se reinician al alba, respetando el ciclo normal del sueño y el descanso; por lo que puede considerarse que el calendario y el horario del campo se halla sujeto al ciclo de vida; es decir, atender al tiempo de sembrar, al de cosechar, al de beneficiar la siembra, al de injerto y poda y a todas las actividades que se realizan.
    Cuando reflexionamos sobre lo que es pero quizá no debería ser, pero lo llegamos a naturalizar, nos damos cuenta de que la familiaridad con el trato, con lo cotidiano nos lleva a dar por obvio lo que en realidad no es de esa manera ya que se trata de una realidad pensada artificialmente no como tal. Por ello omitimos el cuestionar el por qué de las cosas que pueden ser importantes, diferentes y significativas.
    Si consideramos la importancia de expresarnos ante el mundo, lo hacemos mediante el lenguaje que puede ser oral o escrito y significa nuestra forma de comparecer ante el mundo y por lo tanto de exponernos, en el caso del lenguaje hablado se comparte y se socializan las ideas rápidamente, atendiendo a lo que se dice y a lo que se expresa con el cuerpo, pero el mensaje puede o no diluirse en el aire. Entretanto que con el lenguaje escrito el mensaje es permanente y cobra vida cada vez que se lee y puede interpretarse de diferentes manera, incluso contradictorias.
    Empero, sea cual sea la modalidad para expresar el pensamiento, consta básicamente de dos formas que son: El estado narrativo en el que se mira la nota como documento y cuando se aprovechan las metáforas para dar a entender lo que se quier, en esta segunda modalidad se interpreta y se da a conocer información mayormente comprendida y analizada.

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  3. Pensar el tiempo tal como lo propone Heidegger implica pensar en el dasein, y más específicamente, en 'mi dasein', pues solo cuando pienso en “mi estar-en-el-mundo” cobra sentido el tiempo como temporalidad. Es decir, el Dasein mismo es el tiempo.
    No obstante, Heidegger se pregunta si es posible explicar el tiempo como tiempo, más allá de su explicación como Dasein. En su respuesta, Heiddeger nos propone algunos conceptos fundamentales para su comprensión, en ese sentido nos plantea pensar el tiempo en relación con lo que es mundano. En esta dimensión se hace presente nuestra aprehensión anticipada de la muerte y con ella nos colocamos en una condición de 'espera en y para'. En dicha condición el presente se conecta con el Ser futuro, pues se logra trascender la condición impropia de 'ser en el tiempo' para dar paso a la condición de 'Ser el tiempo'. Es decir que alcanza la condición de ‘ser el tiempo originariamente propio’, que resulta trascendente en la medida en que se constituye en el hilo conductor para la interpretación del ser temporal del estar-en-cotidiano. Contexto en el que la condición de 'ocupación' nos remite a la condición de estar preocupado "por estar en el camino de". Es decir, estar abierto a un todavía no, al futuro: "Estar-abierto-a", "ser-futuro", "llegar-a-ser presente de aquello que se encuentra en el cuidado".
    En este sentido, podemos decir que el concepto de tiempo en Heidegger está fundamentalmente vinculado a la interpretación del mundo circundante. Es decir que la ocupación, como condición temporal, es circunspectiva porque se sitúa en el mundo circundante en relación con una mirada que responde a una situación, con un material adecuado, un sitio preciso y una ocasión precisa:
    "El presentar, en cuanto estar-en, es un ser-temporal, tal para el que en su circunspección, el tiempo comparece mundanamente en el carácter de la significatividad. Para el ser-temporal que ocupándose de... queda absorbido en el mundo, 'el tiempo' se da en su mundo (Heidegger, 1924, p.90)
    Por otra parte, me interesa destacar la posibilidades que ofrece el concepto de tiempo de Heidegger para la categoría de convivencia, ya que esta condición de mirada circunspectiva nos remite al “estar-ahí con los otros”, a través de un ‘ahora’ que se entiende como el instante compartido en el marco de la covivencia y de un ‘entonces’ que se concibe como el acuerdo o disposición para estar a tiempo, comparecer en este tiempo. La pregunta que surge entonces sería cuál es la posibilidad de un tiempo para el desacuerdo o la a-sincronía necesaria para la polifonía y la facticidad, comprendida como la forma en la que cada uno de nosotros asume el tiempo.

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  4. El Concepto de Tiempo (Tratado de 1924) de Martin Heidegger.

    Heidegger no comprenderá el tiempo como la sucesión infinita de instantes, sino más bien como el tiempo de la existencia.
    La vida humana siempre es supeditada por el tiempo, encerrando una regulación temporal, es decir en un primer momento hacemos una asociación del tiempo con el reloj, es decir: “Ahora son exactamente las ocho”, “ahora es el momento para levantarse”, “ahora faltan 5 minutos para la reunión”, “ahora pasaron 10 minutos y no estás listo”, etc. que se refiere al hoy o al mañana o “ayer” no son vacíos, sino que en la cotidianidad el Dasein siempre los entiende como tiempo para: “falta una hora para almorzar”, “ayer era el día para entregar”, “ahora es el momento para hacerlo”. Cuando uno mira el reloj no percibe un número, sino cuanto falta para terminar de trabajar para poder ir a almorzar. El “ahora” que leemos en el reloj siempre es un tiempo apropiado o inapropiado para algo. “La vida humana se orienta en su quehacer más cotidiano por el tiempo. La vida humana encierra en sí misma una regulación temporal. Ella tiene su tiempo para trabajar, para comer, para descansar y para divertirse” (Heidegger, 2006, p.25). Del mismo modo, cuando uno dice “no tengo tiempo” no quiere decir que se ausenta el tiempo, sino que no tengo tiempo para jugar al fútbol porque tengo que terminar un trabajo. Este carácter remitivo del tiempo es denominado como “significatividad”. Y en tanto que es estructurado de esta manera, insertándose a un entramado significativo, pertenece al mundo. Entonces podemos decir que el tiempo es mundano. El tiempo es una regulación temporal para diversas actividades que se rigen con el calendario. Por el hacer diario para llegar al trabajo, para comer, la hora en que se abren o cierran los establecimientos, sin embargo, Dasein siempre está dispuesto a ser interpretado y a interpretar las actividades manifiestas de su ser vivido; es una condición propia e inapelable de su facticidad. Esta co-temporización genera una circunstancia imprescindible dentro de las actividades cotidianas de la vida fáctica: el cuidado. El cuidado se manifiesta como la circunstancia fáctica de “«estar-ocupado-en-algo». Está presente en el horizonte dentro del cual se mueven las actividades cotidianas del Dasein, es el cuidado mismo de la vida.
    A partir de la actividad del cuidado, el Dasein manifiesta un interés por crear las formas de asumir su estar en el mundo, transformándolo y sirviéndose de él.
    El cuidado es un aspecto ineludible de la vida y se desarrolla tres dimensiones que lo determinan en función de su condición de estar en el mundo: el mundo circundante, el mundo compartido y mundo del sí mismo.

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  5. Heidegger (1924) señala que es a través de la investigación fenomenológica como podemos realizar una investigación ontológica. Con lo anterior es posible comprender la historicidad del Dasein humano y no sólo la historia del mundo para comprender su temporalidad.
    El ser del Dasein se caracteriza por un estar-abierto a lo que todavía no es, pero puede ser.
    Cuando la visión cristiana se apodera de explicación del tiempo, a la filosofía sólo le queda la posibilidad de comprender el tiempo a partir del propio tiempo.
    Si el Dasein es el estar-ahí, el tiempo es este ser-en-cada-instante, el Dasein es en cada caso el mío, yo no soy el Dasein de los otros, aun cuando pueda ser con ellos.
    La muerte no existe, es la más extrema posibilidad del Dasein, ocurre que cuando el Dasein se percata de su cualidad perenne, se abre, se logra circunspecto, esto es, puede construir su futuro, un futuro que no existe pero que puede ser.
    La muerte es súbita, única e irrepetible, ¿será? ¿Y qué tal si dramatizamos nuestra propia muerte para renacer en un mundo con las posibilidades que no veía por mi condición de esclavo? ¿qué tal si nos logramos dar una segunda oportunidad antes de morir?
    Por ello, la muerte se revela como como la más originaria-constitución ontológica del Dasein.
    Así, el tiempo está en el Dasein, ocupado en sus asuntos mundanos, en lo que se constituye como facticidad. Es aquí donde ocurren diversas posibilidades del Dasein, por un lado, se puede sujetar a la publicidad como un estar-ahí sin más, sin tomar las riendas de su propio ser, someterse a las condiciones de su contexto o arrojarse, o estar en el mundo en calidad de pensarse como Uno, asumir los riesgos de apropiarse de su ser, darse cuenta del cuidado de sí, de su propia existencia en relación con los otros.
    Por lo anterior, se afirma que Heidegger (1924) desafía la concepción aristotélica del tiempo, en la que no depende sólo de su movimiento o de su cambio, sino de su condición de existencia, cuyas posibilidades de ser están sujetas a las articulaciones ontológicas de su propia significatividad en nuestro mundo.

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  6. En esta obra Heiddeger discute sobre la vida humana en cuanto a la manera en que se ésta se orienta, por tanto discute con las ideas del tiempo que se presentan en las investigaciones de los clásicos. Por un lado Aristóteles consideraba que “no hay tiempo sin movimiento, pero que sin embargo, el tiempo no es movimiento”. Es decir, no hay tiempo sin cambio. Por otra parte, San Agustín escribe en en cuanto al tema: “en ti, alma mía, mido los tiempos”. En cuyas tesis se puede ver el tiempo como algo que acompaña la existencia humana. A lo que Heiddeger dirá: que si bien el tiempo está fijado públicamente, esto es, por consensos que guían la existencia humana, en la categoría que propone “el Dasein” es el propio tiempo, es la forma de comparecer en el mundo. Este Dasein contempla tres elementos: 1) en el mundo, 2) el ente que está en el mundo, 3) el estar-en como tal; los cuales se pueden aprehender solo a través de la experiencia fenoménica, en la cual se encuentra el Dasein en su inmediatez y desde esa mirada se puede cuestionar la obviedad a partir del estado de circunspección. Presenta el término de significatividad dentro del cual se encuentran los caracteres ontológicos como: familiaridad, premostración, estar ahí delante.
    Finalmente cuestiona:
    ¿Por qué razón la significatividad fue inicialmente ignorada por la investigación ontológica y continúa siéndolo?
    A lo cual, podríamos cuestionar porque continúa imperando la visión reduccionista del mundo y es tan tajante la postura de reducir los fenómenos de la existencia humana a las leyes que rigen la naturaleza, cuando estas no operan de la misma manera en el caso del Dasein humano.

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