viernes, 9 de febrero de 2018

Libro: Interpretaciones Fenomenológicas de Aristóteles. De Martin Heidegger.

Interpretaciones Fenomenologicas en a-Heidegger by Mario Jiménez on Scribd

10 comentarios:

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  2. No veo ningún comentario a la discusión de ayer! Será menor su calificación!!

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  3. Comentario sobre el libro: Interpretaciones Fenomenológicas sobre Aristóteles de Heidegger:

    Heidegger, un pensador polémico, inteligente e inconformista, se rebela ante la forma cristiana de mirar al mundo, de manera sistemática desarrolla investigación filosófica retomando las aportaciones de su maestro Husserl sobre fenomenología, de Dilthey sobre hermenéutica y la filosofía práctica de Aristóteles.
    Siendo profesor en la Universidad de Friburgo (1919-1923), redacta con profundidad analítica en 1922: Interpretaciones fenomenológicas sobre Aristóteles (que serán los cimientos de su poderosa obra Ser y tiempo) para concursar por una plaza de profesor en la Universidad e Gotinga.
    El objeto de su investigación filosófica es el “Dasein humano en tanto que se le interroga acerca de su carácter ontológico”. (Heidegger, 2002: 22), ya que la vida es un devenir, un continuum, un espacio de creación, posibilidad y muerte. Implica un “ser-en-el-mundo” (Ídem: 21), cuya historia se gesta, analiza y construye, con el mundo circundante, con los otros y con el mundo propio.
    Desde su perspectiva hermenéutica-fenomenológica recurre a la conjunción de la historia de la ontología y de la lógica, con la cual esgrime dos procesos fundamentales: la interpretación y la comprensión.
    Para lo cual, propone un método de investigación filosófica, donde señala que toda interpretación se despliega en función de su ámbito de realidad y de su pretensión cognoscitiva a partir de tres coordenadas:
    1) Un punto de mira: que implica un posicionamiento, contexto y lugar desde donde se mira.
    2) La dirección de la mira: que implica un como-algo, hacia-dónde, esto es, como un horizonte de sentido que sirve como principio de comprensión, y
    3) El horizonte de la mirada: que es delimitada por las dos anteriores nos aproxima a una objetividad de toda interpretación.
    Con lo anterior, Heidegger, cuestiona lo que va a definir como vida fáctica, la cual hace referencia a todo lo que acontece en nuestro vivir cotidiano, está dotado de historia, se proyecta, nos atraviesa, se nos hereda y surgen tensiones para apropiarnos de nuestro propio ser o dejarnos llevar por la inercia de los sujetos que funcionan en una sociedad estructurada de manera irreflexiva y sin preocupaciones.
    ¿En qué momento podemos asumir esa responsabilidad, qué lo puede detonar o cómo es que nos podemos dar cuenta de ese lastre? Allí la importancia de la investigación filosófica de Heidegger.
    Atte.
    Mario Jiménez

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  4. Martin Heidegger. Interpretación fenomenológica sobre Aristóteles. Indicaciones de la situación hermenéutica.
    Heidegger, ha abandonado el concepto de fenomenología basado en una consciencia que se abre como percepción. Ha adoptado más bien un concepto de fenomenología hermenéutica basado en el ser-ahí como cuidado abriéndose a través de la comprensión –. Ya no se trata de analizar la actividad teórica de una consciencia trascendental, sino de hacer una ontología de la vida humana partiendo de las cosas mismas, de la vida humana en su factualidad. La ontología debe partir por la existencia, y debe ser fenomenológica. La ontología, como ofrecer al lenguaje un saber acerca del ser en general, presupone una situación de hecho del ontólogo. Ya no se trata de una ontología llevada a cabo por un hombre que pretenda ingenuamente emplear su razón liberada de sus contingencias temporales e históricas –un estado del alma coeterna- respecto de las Ideas. Se trata más bien de asumir que toda ontología coincide con la facticidad de la existencia temporal del hombre que la emprende: comprender el ser en cuanto ser es existir en este mundo, en este mundo vivimos y en las ocupaciones temporales de la vida está ya implícita la comprensión del ser. La ontología no tiene por qué elevarse por sobre la vida. La comprensión del ser no implica únicamente una actitud teorética, sino la totalidad del comportamiento humano (obra científica, vida afectiva, trabajo y satisfacción de sus necesidades, vida social, etc.). El hombre siempre está en la verdad, instalado en una comprensión del ser explícita o no, el hombre habita en la apertura del ser, en el claro, pues el hombre mismo abre el ser y en ello se juega su vida. En esto la ontología hermenéutica de la vida humana no procede a la manera del intelectualismo clásico, pues para ella comprender el ser no es un mero entender, sino es ya siempre existir: comprender un útil, una herramienta, no es simplemente verla y reconocerla como tal y poder explicar cómo funciona, sino saber manejarla y efectivamente manejarla; comprender nuestra situación en lo real no es definirla, sino hallarse en cierta disposición afectiva. Pensar ya no es contemplar, sino ser. Lo que está en juego ya no son fantásticas idealizaciones, sino el propio estar-en-el-mundo, nuestra existencia. De esto se desprende que el pensar es experiencia, no teoría acerca de la experiencia. Pensar es la praxis fundamental, pues es la vida misma asumiendo su propio ser. Pensar la propia existencia es hacer algo, y algo fundamental.
    La facticidad no es igual a la existencia, la existencia es una posibilidad que se despliega temporalmente en el ser de la vida que se ha denominado como fáctica.
    Atte. Ana Patricia Acosta Noguez

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  5. El autor Heidegger, plantea la discusión como todo acto filosófico, es decir, a través de una pregunta, pues se cuestiona como dotar a la filosofía de un nuevo sentido.
    La tarea ante tal cuestionamiento resulta una provocación que lo lleva a plantear y a mostrarnos a la filosofía en movimiento, es una confrontación con lo que se creía saber, con la idea del conocimiento estático, muerto para arribar a un conocimiento que para ser tal pasa obligatoriamente por dos momentos el primero la destrucción del logos para llegar a la construcción, este movimiento es el acto de la filosofía.
    Su tarea es completamente investigativa, pues se gesta en las preguntas originarias, que no pueden ser resueltas en lo abstracto, en lo general, sino que el conocimiento de esto es una cuestión singular.
    El conocimiento impacta al que investiga, hace del ejercicio de la comprensión, una llave para abrir-se al conocimiento, del mundo, donde este forma parte.
    Es por ello que el conocimiento se presenta interrogativo, en este sentido no culmina, no cierra, al contrario abre, cuya estrategia de desmontaje es la hermenéutica, que nos lleva a la interpretación del objeto y esto nos convoca a conocer.
    María Dolores Garcés García

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  6. La búsqueda del sentido del ser es el inicio de las reflexiones de Heidegger que trasciende hasta los planteamientos sobre el Ser y Tiempo . La diferencia entre pensar al sujeto como ser que es, dado de por sí desde el momento del nacimiento y el que deviene sujeto, radica en pensar la existencia, en el primer caso, como la herencia de la naturaleza reflejada en las características del sujeto asignadas biológicamente, y en el segundo como condición que ofrece la oportunidad de desplegar la facticidad en un tiempo determinado. “La existencia es inaccesible a sí misma” y solo puede hace comprensible en el momento en que se discute por el despliegue de la actividad fáctica y sus motivos.
    Dada la existencia, las posibilidades de despliegue de facticidad son múltiples, se construyen, no se tienen por destino. La vida fáctica es la historicidad del ser, la cual se refleja en su trato con ‘lo otro’ su comprensión del mundo y con ello su comprensión del ser.

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  7. Para Heidegger, la conciencia del problema del ser requiere un abordaje filosófico desde presupuestos metodológicos de la vida humana. En ese sentido, propone una recuperación de la filosofía práctica de Aristóteles que rompe con la idea de un yo encapsulado y desgajado del mundo, propuesta que permite la comprensión del Dasein en su contexto. En ese mismo sentido, propone una recuperación del saber práctico para sustituir el modelo matemático por los contextos de acción en los que la vida humana se inserta de forma habitual y corriente. Contextos en los que se abren las posibilidades para que el ser allí (Dasein) se transforme en un ser auténtico a través de las decisiones y elecciones que hace ante esas posibilidades de poder ser en el mundo. Es decir, la posibilidad de superar la condición de eyecto, de arrojado en el mundo, a través de la elección de un pro-yecto.
    Luego entonces, la transformación hermenéutica de la fenomenología implica la recuperación de esos contextos de acción para la comprensión del fenómeno a través de la luz que se da a sí mismo en su realización singular y plural. Se trata entonces, de la recuperación del instante vivido para plantear el sentido mismo de la vida humana. La pregunta por el sentido del ser de la vida ateorética y arreflexiva proporciona el punto de partida y facilita el hilo conductor de la pregunta por el ser en general.
    La teoría del conocimiento, tradicionalmente ahistórica y atemporal, ya no puede ignorar la textura histórica y simbólica de la vida humana. Se trata de plantear una filosofía que no reduzca el fenómeno de la existencia humana a una serie de objetivaciones de la conciencia representativa, es decir, se trata de abrazar genuinamente el fenómeno de la vida sin hacer uso del instrumental tendencialmente objetivante de la tradición filosófica. Se trata de hacer accesible el primer nivel de existencia preteórica y arreflexiva del Dasein humano a través de un determinado instrumental terminológico: los indicadores formales o existenciarios, de los que se sirve la hermenéutica filosófica para explicitar la comprensión que la vida tiene de su propio ser. El ser solo puede ser abordado a través del Dasein humano: “Vida= Dasein, ‘ser’ en y a través de la vida”. De ahí la necesidad de abordar la investigación de la educación desde los conceptos de temporalidad y espacialidad.
    Ana Belem

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  8. Interpretaciones fenomenológicas sobre Aristóteles.
    Martin Heidegger

    En esta obra Heidegger discute la visión naturalista que impera en la época, la cual presenta una manera de interpretar la vida basada en una actitud científica y teorética en donde el ser se encuentra escindo y se pretende una objetividad inalcanzable a partir de la distinción de sujeto-objeto, y determinaciones basadas en causa-efecto. Ante esta postura de la vida, propone ir más allá, superando los posicionamientos de sustancia, esencia, e ideas, y pasar a la comprensión del ser o Dasein con una connotación de sustantivo y no de verbo. Es decir, su preocupación metodológica es el ser de la vida humana pero no sólo entendida como naturaleza sino algo que va más allá de ese paradigma impuesto. Por tanto, pretende desmontar ese discurso ahistórico y atemporal mediante la ontología, en la cual, se desmonta la actitud metafísica. Sus referentes serán la hermenéutica de Diltey, la teoría de la fenomenología de Husserl, y la filosofía práctica de Aristóteles, de tal manera que va configurando su propio método, en el que plantea que se tiene un punto de mira, una dirección de la mira, y finalmente un horizonte de la mira, a partir de donde se puede comprender el mundo de la vida tal y como ocurre, es decir comprender nuestra propia existencia. Para ello, será necesario una actitud de cautela frente a la polisemia de los términos, un desmontaje de los mismos, a fin de hacer accesible los distintos modos del significar, de tal manera que no hay una Verdad sino pluralidad.
    Por tanto, pelea con Husserl en el hecho de que la filosofía no puede reducirse al fenómeno de la existencia humana como una serie de objetivaciones, pero ¿cómo suspender esta actitud teorética para asir las experiencias humanas desde su inmediatez? Para ello, propone el concepto de vida fáctica o vida histórica, intentando hacer frente a una visión fragmentada de la realidad. En ese sentido, considera que el análisis hermenéutico permite la aprehensión originaria de ese ser-en-el-mundo o Dasein, en tanto nuestra mirada no puede ser neutra pues somos seres históricos y a partir de allí es que nos encontramos en el mundo.

    Nota: El presente comentario se divide en dos debido a la extensión permitida en el blog.
    Elvia Rocio

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  9. (continúa comentario)

    Finalmente, considero relevante, el sentido fundamental que le otorga a la vida fáctica a través de la categoría de “cuidado” caracterizado por el trato que la vida fáctica mantiene con su mundo. Este cuidado, en su sentido de pre-ocupación presenta como posibles direcciones: el mundo circundante, el mundo compartido, y el mundo de sí mismo; las cuales se constituyen como formas de trato. En la primera, la actitud circundante plantea una condición de abierto, en la que el mundo sale al encuentro con la significatividad. Esto es, los objetos están provistos de significado sólo después del encuentro fáctico con el mundo del significado. En contraste con el observar, que mira carente de dirección y emite determinaciones de corte abstracto pero que, sin embargo, constituye un tipo de trato con el mundo. El mundo compartido o mundo de la publicidad es aquel que despersonaliza, es el mundo de todos y de nadie, el ser se diluye en la polisemia aparentando una neutralidad que no es posible alcanzar por nuestro carácter histórico. Y finalmente, el mundo del sí mismo, en el que se hace presente la tendencia a la caída, en donde la vida se oculta, y hace presencia la muerte a partir de la cual, cobra sentido la vida misma. Por tanto, como señala Heidegger (2002: 44) “la existencia sólo se hace comprensible en su propio ser en el cuestionamiento de la facticidad, en la destrucción en cada caso concreto de la facticidad, sacando a la luz los motivos de su actividad, sus orientaciones y sus disposiciones voluntarias”. Entonces la mirada que presenta sobre la filosofía es en calidad de conocimiento interrogativo, como tendencia a interpretar las actividades fundamentales de la vida humana en las que se juega la vida misma y el ser. Como señala: “El modo de investigación es la interpretación de este sentido del ser con respecto a sus estructuras categoriales fundamentales: es decir, las diferentes maneras como la vida fáctica se temporiza a sí misma y, temporizándose, habla consigo misma” (Heidegger; 2002: 46). Por tanto, alude al discurso, lo que en otra de sus obras hará énfasis en el lenguaje como la casa del ser, por la potencia de significatividad que éste posee. A lo cuál sería conveniente preguntarnos si dentro de nuestra investigación mantenemos una actitud de circunspección o qué tipo de trato la está guiando.
    Elvia Rocio

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  10. Como pensador, Heidegger es un inquieto buscador de nuevas formas de mirar la vida y al sujeto del devenir histórico que se enfrenta a una sociedad que aún guardaba fuertes resabios del medioevo, pero que ya veía venir la revolución del pensamiento que significó el rompimiento con el dogmatismo religioso. Me parece que el autor comparte ese gran mérito de romper con las formas anquilosadas de la cosmovisión vigente para su tiempo.
    En especial, me llama la atención los dos momentos propuestos para el método filosófico: El primero que nos remite al origen de la vida (tradicional preocupación de la filosofía y; el segundo, mirar la vida desde la perspectiva histórica. En ambos puede verse que el sujeto recupera la importancia que le asiste y de manera implícita se toma en cuenta el tiempo y el movimiento del sujeto en el devenir histórico.
    Celia Zarco González

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